Este texto es el capítulo 19 del libro de Justo de la Cueva COMUNISMO O CAOS: LA DEPAUPERACION ABSOLUTA DE LA JUVENTUD VASCA
(Carta abierta a una joven vasca que hace unos días quemó un autobús en Pamplona), finalizado el 20 de agosto de 1996.
Texto del capítulo:
19. El suicidado pamplonés y la próxima
tragedia vasca: el "colchón" familiar desaparecido.
¿Que haréis los jóvenes vascos parados o precarizados
cuando se os mueran los padres en cuyas casas y de cuyas pensiones
vivís?
Esas bombas están sencillamente colocadas en vuestras vidas.
No están hechas de goma-dos ni de amonal o amosal. Están
fabricadas con la estructura de vuestra situación y la
estructura del mercado capitalista. Son el fruto inevitable de
la depauperación absoluta de la juventud vasca que
antes te he explicado. Se describen con muy pocas palabras: dado
que tenéis muy bajos ingresos porque la inmensa mayoría
de vosotros sólo conseguís intermitentes trabajos
eventuales muy mal pagados y dado el precio brutal que la vivienda
(en compra o la escasísima en alquiler que hoy puede encontrarse)
ha alcanzado como resultado de la inevitable especulación
provocada por el uso de la compra de bienes inmobiliarios como
colocación ideal para el dinero "negro" generado
por la corrupción rampante, el narcotráfico, el
contrabando, el proxenetismo, la entrada de divisas de las mafias
crecientes (por ejemplo las rusas), etc., etc., etc., la gran
mayoría de vosotros tenéis que seguir viviendo en
casa de vuestros padres aunque tengáis ya veintimuchos
o treintaipocos años.
Pero no es sólo eso. Es que muchísimos de vosotros
vivís (no tenéis mas remedio que vivir) de vuestros
padres. Son ellos
los que todavía (igual que hacían cuando
teníais tres o siete o diez o doce o catorce años)
pagan vuestra alimentación, vuestra ropa e incluso los
que aún muchas veces tienen que "daros la paga"
para que podáis tomaros unos vinos. Los esporádicos
y raquíticos ingresos que conseguís los períodos
en que tenéis trabajo os permitirían quizá
pagar lo que coméis (no exactamente lo que coméis
sino algo bastante peor y bastante más escaso) pero difícilmente
(seguro que no) os llegaría para cubrir los recibos de
la luz, del gas, del agua, del teléfono, de los gastos
de la casa en el supuesto de que ya esté pagada y sea en
propiedad, de la contribución municipal, de la recogida
de las basuras, del fontanero o el electricista o el "manitas"
cuando se escachifolla algo, de la gasolina y la reposición
del coche familiar, etc., etc., etc.
Sucede que en bastantes, en muchos casos, todos esos gastos ya
no se cubren por el sueldo de vuestro padre o de vuestros
padres sino por la pensión, la jubilación
que él o ellos cobran.
Ese es EL COLCHON FAMILIAR que todavía os
defiende de los feroces efectos de la miseria en la que la depauperación
absoluta de la juventud vasca que padecéis os habría
ya hundido si no contarais con la solidaridad de vuestros padres.
Ahora bien, sucede que:
Entonces la pregunta es:
¿Que haréis los jóvenes vascos
parados o precarizados cuando se os mueran los padres en cuyas
casas y de cuyas pensiones vivís?
¿Emigrar?. ¿A dónde?.
Te puedo asegurar que ser, como yo soy, sociólogo comunista
y abertzale no es ninguna ganga. No sólo, aunque también,
por las retorcidas persecuciones con que te obsequian y que inevitablemente
te convierten en la paradoja viviente de un individuo con manía
persecutoria que tiene razón porque le persiguen. Sino
sobre todo porque tienes la incómoda tarea de profetizar
catástrofes y la aún más incómoda
de luego sufrir tener que presenciarlas cuando ocurren. La pasada
primavera he tenido que pasar por uno de los amarguísimos
tragos que ello supone. En una charla contra el capitalismo en
la Asociación de Vecinos del barrio de San Jorge de Pamplona
desgrané las mismas consideraciones que acabo de hacerte
en la última página y media y formulé la
misma pregunta que acabo de hacerte en letras gordas. Y sólo
cuatro días después tuve que ver un cuerpo estrellado
contra el suelo de una calle de Pamplona.
Ese cuerpo roto era la maldita y macabra demostración, aún viva por unos pocos minutos más, de la agudeza de mi análisis, de lo certero de mi instinto de clase, de la validez y eficacia de mis herramientas marxistas de estudio de la coyuntura concreta de la concreta lucha de clases en la concreta formación social vasca.
Ese joven vasco de veintimuchos años que se había
suicidado lanzándose a la acera de la calle desde el segundo
piso de una pensión barata vivía en el paro con
intermitentes trabajos eventuales. Vivía de la pensión
de su madre viuda en la casa propiedad de su madre. Murió
la madre y él, ocultando esa muerte, continuó cobrando
ilegalmente la jubilación materna. Descubierto su engaño
por la Caja de Ahorros respectiva, se tramitó la justiciera
querella y, para cobrarse lo indebidamente cobrado, la Caja se
apropió de la casa. Sin casa, sin trabajo, sin ingresos,
con problemas judiciales pendientes, ese joven vasco, juguete
roto por la depauperación absoluta de la juventud vasca
hizo la apuesta de su vida a la equivocada carta del suicidio.
Es cierto que un sólo caso es validación insuficiente
de una hipótesis. Pero nadie podrá negar que es,
cuando menos, un síntoma. Y, además, los datos y
los estudios se amontonan corroborando sólidamente las
líneas básicas del problema. El estudio de Petras,
que antes te reseñé ampliamente era también
un estudio de casos. Pero el verano del año pasado se hizo
público un estudio del Instituto Nacional de Estadística
español según el cual "los jóvenes
españoles conviven cada vez más tiempo con sus padres,
al contrario que en décadas anteriores. La edad media de
la emancipación es de 28,5 años para los varones
y de 27,7 para las mujeres. Actualmente un 75,4% de los varones
y un 61,7 de las mujeres de 20 a 29 años aún conviven
con sus padres. Incluso un 21% de los de 30 a 39 años lo
hacen también. Sólo el 18,4% de los padres españoles
han visto como todos sus hijos se han independizado del hogar
familiar" (80)
Y también el verano del año pasado se hizo público
el resultado de un informe de Analítica S.L. para la Fundación
Argentaria según el cual "menos del 30% de los
españoles menores de 30 años ha abandonado el hogar
familiar, exactamente la mitad del índice correspondiente
a diez años atrás, momento en el que algo más
del 60% de los españoles de 30 años o menores se
habían independizado ya". (81)
Te ahorro el aluvión de datos que tengo recogidos sobre
la escasez relativa de la vivienda (relativa a la falta de dinero
para pagarla, claro, porque pisos vacíos hay cantidad)
aunque no resisto la tentación de citarte el precio medio
en 1995 de un piso de venta libre en Vascongadas: Guipúzcoa
(27 millones de pesetas), Vizcaya (19 millones), Alava (17 millones).
Vuelvo a hacerte mi pregunta de antes: ¿qué vais
a hacer los jóvenes vascos parados o precarizados cuando
se os acabe el "colchón" familiar?. ¿Suicidaros?.
¿Emigrar a ninguna parte?. ¿O, dándoos cuenta
de que no tenéis que perder más que vuestro paro,
vais a intentar hacer la revolución?.
Como esta carta va, espero, a editarse, es conveniente que ahora
mismo te diga algo para evitar que algún imbécil
monte un número porque entienda que al hacerte esa pregunta
estoy algo así como convocándote, induciéndote
o empujándote a hacer mañana por la tarde, en el
Bule o en la Jarauta, la revolución.
Y para ello nada mejor que copiarte aquí un texto que reverencio desde hace ya muchos, muchos años. Pronunciado por un hombre al que admiro y envidio, un comunista excepcional, un revolucionario de éxito, un orador insuperable, un escritor maravilloso, un teórico marxista de primerísima fila (el primero en hacer, en sus panfletos sobre el ascenso del nazismo, un análisis marxista del Estado capitalista maduro que ni Marx ni Engels ni Lenin ni Mao -que no vivieron nunca de cerca en la práctica un tal Estado- pudieron hacer), el genial creador del Ejército Rojo, inigualado en el acierto de sus formulaciones prospectivas del futuro, el lúcido combatiente contra la degeneración de la burocracia soviética, cuya monumental biografía escrita por Isaac Deutscher es, con las del biografiado, parte de las obras claves de mi formación: Trotsky.
El texto a que me refiero es un fragmento del discurso de Trotsky
en la sesión del 4 de octubre de 1906 ante el Tribunal
que le juzgaba acusándole de preparar la insurrección.
Trotsky había desempeñado un papel relevante en
la Revolución rusa de 1905 hasta el frustrante final de
la misma. Habiendo llegado del exilio a Kiev en febrero de 1905,
sólo semanas después del primer acto de aquella
revolución condenada al fracaso (la masacre de las tropas
zaristas contra la enorme manifestación pacífica
que el día 23 -9 del antiguo calendario- de enero se dirigía
al Palacio de Invierno), se encontró en el centro mismo
de la actividad clandestina. Formaba parte del Comité Ejecutivo
del Soviet de Petersburgo (eje de aquella revolución),
galvanizaba a las masas con su oratoria, redactaba la mayor parte
de los manifiestos y resoluciones del Soviet, dirigió su
órgano (IZVESTIA) y otros dos periódicos (RUSSKAYA
GAZETA y NACHALO), y el 3 de diciembre presidió la última
sesión del Comité Ejecutivo del Soviet ¡y la
declaró formalmente terminada ante los soldados que les
arrestaron!.
Trotsky usó como pauta para su discurso ante el Tribunal
los alegatos que Marx y Lasalle habían hecho en 1848 enfrentados
a una acusación idéntica. Muchos opinan que superando
a sus maestros. Dijo, entre otras cosas (las negritas las he puesto
yo):
"La insurrección de las masas, señores jueces, no se prepara, se lleva a cabo. Es el resultado de circunstancias sociales, y no la realización de un plan. No se la puede suscitar, se la puede prever. En virtud de una serie de causas que no dependen de nosotros ni del gobierno imperial, el conflicto abierto se hacía inevitable. Se acercaba más cada día. Prepararnos para él significaba únicamente hacer todo lo necesario para limitar en lo posible el número de víctimas del inevitable choque. No pensábamos que fuese preciso preparar las armas, trazar un plan de operaciones militares, fijar puestos de combate, o dividir la ciudad en secciones, es decir que fuese necesario, en una palabra, adoptar todas las medidas que suele tomar la autoridad militar cuando prevé "perturbaciones" (pues ellos sí dividen la capital en barrios, designan coroneles para dirigir cada una de estas secciones, entregan ametralladoras y pertrechos....). No, nosotros no entendíamos de esta manera nuestro papel. Nos preparábamos para la inevitable insurrección: nótenlo, señores jueces, nunca hemos preparado la insurrección, como dice el fiscal, nos hemos preparado para la insurrección. Prepararnos para ella significaba esclarecer la conciencia popular, explicar al pueblo que el conflicto era inevitable, que todo lo que se nos concedía nos sería arrebatado en seguida, que sólo la fuerza podía proteger el derecho, que teníamos necesidad de una poderosa organización de las fuerzas revolucionarias, que era preciso hacer frente al enemigo y estar dispuestos a entrar en la lucha hasta el fin, que no había otro camino. Esto es lo que nosotros considerábamos, esencialmente, como una preparación para el levantamiento" (82)
Cap.20. El capitalismo está ya muriendo de éxito. Pero
hay que luchar porque puede morir matándonos a todos. O
convertirse en algo todavía peor.
Notas:
(80) EL MUNDO DE EL PAIS VASCO: "Los jóvenes españoles
abandonan el hogar paterno a los 28 años", 24.7.1995,
página 53.
(81) Fernando García: "Sólo el 30% de los jóvenes
menores de 30 años se va de casa" en LA VANGUARDIA
5.9.1995, página 26.
(82) Leon Bronstein (TROTSKY): 1905. Resultados y perspectivas,1906.
Cito de las páginas 45 y 46 del tomo 2 de la edición
en castellano de Editions Ruedo Ibérico, en Francia, 1971,
que sigue la edición rusa de 1922 e incluye los prefacios
a las ediciones alemana de 1909 y rusas de 1919 y 1922.